«SECRETOS DE UNA VIDA PRÓSPERA Y FELIZ –  FÁBULA DE LA VACA»

Hoy quiero compartir con vosotros un hermoso cuento que llegó a mis manos hace algún tiempo y que utilizo frecuentemente en mis sesiones de coaching para ayudarnos a ser conscientes de nuestros miedos, pretextos, disculpas, justificaciones o falsas creencias que tenemos sobre nuestras capacidades, y que nos condenan a ser víctimas de por vida de nuestras limitaciones, manteniéndonos atados a una vida de conformismo y mediocridad.
La intención de este cuento es la de que detectes «tus propias vacas» y establezcas tu propio plan de acción para liberarte de tan pesada carga. Una vez te sientas liberado, comenzarás a vivir una vida llena prosperidad y nuevas oportunidades de éxito. 

Mis agradecimientos a Mar Mejías y Diana Sánchez «mis magas favoritas» por hacerlo posible.
La historia cuenta que en cierta ocasión, un
viejo y experimentado maestro deseaba enseñar a uno de sus jóvenes estudiantes
los secretos para vivir una vida próspera y feliz. Él pensó que la primera
lección debía ser entender la razón por la cual muchas personas viven atadas a
una vida de conformismo y mediocridad.

Para impartir esta importante lección, el
maestro decidió que aquella tarde saldrían en busca de algunos de los parajes
más pobres de aquella provincia. Después de caminar largo rato, encontraron el
vecindario más triste y desolador de la comarca. Se detuvieron ante la casa más
pobre que habían visto hasta entonces. Llamaron a la puesta y cuando el dueño
de la casa les abrió, el maestro le dijo: Saludos buen hombre, ¿Sería posible
para dos viajeros cansados encontrar posada en su hogar esta noche? El dueño
les respondió que eran bienvenidos si no les importaba la incomodidad. Al
entrar su sorpresa fue aún mayor al ver que en aquella casucha de apenas diez
metros cuadrados vivían ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos
abuelos se las arreglaban para acomodarse de cualquier manera en aquel reducido
espacio. La familia contaba con una posesión extraordinaria bajo tales
circunstancias: una vaca. El animal no era gran cosa, pero la vida de aquella
familia parecía girar en torno a él. Hay que darle de comer a la vaca, ¿está
atada la vaca?, ¿ha bebido suficiente agua la vaca?….

Ciertamente la vaca jugaba un papel de gran
importancia en la vida diaria de sus dueños, a pesar de que la escasa leche que
producía a dura penas era suficiente alimento para sobrevivir. No obstante, la
vaca parecía servir a un propósito mucho mayor. Era lo único que los separaba
de la absoluta miseria.

Y allí, en medio de la suciedad y el
desorden, los dos viajeros pasaron la noche. Al día siguiente, muy temprano,
asegurándose de no despertar a nadie, los viajeros se dispusieron a continuar
su camino. No obstante, antes de emprender la marcha, el anciano maestro le
dijo en voz baja a su discípulo: Es hora de que aprendas la lección que nos
trajo a estos parajes.

Lentamente, el anciano caminó en dirección
al lugar donde se encontraba atado el animal, a no más de cincuenta metros de
distancia de la morada. Y allí, ante la incrédula mirada del joven y sin que
éste pudiera hacer nada para evitarlo, súbitamente el anciano sacó una daga que
llevaba en su bolsa y, con un movimiento rápido y certero, proporcionó al
animal una mortal herida que ocasionó que éste se derrumbara instantáneamente y
sin hacer mayor ruido.

¿Qué has hecho maestro? – Dijo el joven
susurrando angustiadamente para no despertar a la familia – ¿Qué lección es
esta que deja a una familia en la ruina total?, ¿Cómo has podido matar a esta
pobre vaca que era su única posesión?, ¿Qué sucederá con ellos ahora?

Sin inmutarse ante la preocupación y la
angustia de su discípulo, el anciano se dispuso a continuar su marcha. Así
pues, dejando atrás aquella macaba escena, maestro y discípulo partieron.

Durante los días siguientes, al joven le
asaltaba una y otra vez la nefasta idea de que, sin la vaca, la familia
seguramente moriría de hambre. ¿Qué otra suerte podían corres tras haber
perdido su única fuente de sustento?

La historia cuenta que un año después, una
tarde, el maestro llamó al joven a su lado y le sugirió retornar nuevamente por
aquel paraje para ver qué había ocurrido con la familia.

Después de varios días, los viajeros
llegaron nuevamente al caserío, pero sus esfuerzos por localizar la humilde
vivienda fueron en vano. El lugar parecía ser el mismo, pero donde un año atrás
se encontraba la casucha, ahora se levantaba una casa grande que,
aparentemente, había sido construida recientemente.
Llamaron a la  puerta y cuál no sería su sorpresa cuando del
interior de la casa vieron salir al mismo hombre que un año atrás les había
dado posada. Su aspecto era totalmente distinto, sus ojos brillaban, vestía
ropa limpia, estaba aseado y su amplia sonrisa mostraba que algo significativo
había sucedido. El joven no daba crédito a lo que veía. Rápidamente se dispuso
a saludarle y sin perder tiempo procedió a indagar lo que había sucedido en
este lapso de tiempo que, obviamente, había cambiado su suerte y la de su
familia.

El hombre les contó que al marcharse ellos,
justo esa mañana, su vaca había aparecido muerta, quedando su familia
profundamente desolada por tan triste hecho. Tras unos días sin saber qué
hacer, pensaron que tenían que buscar nuevas alternativas para sobrevivir.
Entonces decidieron empezar a plantar algunas semillas en su humilde huerto. Con
lo que iban produciendo, poco a poco, comenzaron a vender a sus vecinos lo que
les sobraba después de cubrir sus necesidades de alimentación y con esas
ganancias fueron comprando más semillas. Poco después, vieron que el sobrante
de la cosecha alcanzaba para venderlo en el mercado del pueblo.

¡Y de repente sucedió!, exclamó el hombre
con gran alegría. Por primera vez en nuestra vida tuvimos el dinero suficiente
para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra humilde casa. Es como sí la
trágica muerte de nuestra vaca, hubiese abierto las puertas de una nueva vida.

Era obvio que la muerte de aquel animal no
había sido el final de aquella familia sino, por el contrario, el principio de
una vida de nuevas y mayores oportunidades.

El maestro, que había permanecido en
silencio escuchando, llamó al joven a un lado y le preguntó: ¿Crees que si esta
familia aún tuviese su vaca, habría logrado todo esto?, ¿Comprendes ahora?…
La vaca, además de ser su única posesión, era también la cadena que los
mantenía unidos a una vida de conformismo y mediocridad. Al perder lo que ellos
consideraban su única posesión, tomaron la decisión de esforzarse por buscar
algo más, por ver más allá de sus circunstancias presentes.

¿Y tú?, ¿Cuando vas a deshacerte de lo que te sobra?